Un año después…

11 Aug

Hace una semana caí en la cuenta que llevamos exactamente un año cambiando  nuestros hábitos alimenticios, haciendo deporte regularmente y bajando de peso. Un año, una cirugía bariatrica y cerca de 30 kilos menos. Un año lleno de reflexiones y aprendizajes.

Partí comiendo mucho y moviéndome poco, o sea, la peor combinación posible. Tres años dedicada a elaborar una tesis doctoral y a lidiar con los fantasmas del rendimiento: escribir, de la nada, 176 páginas de buena calidad. Eso sólo resume 37 años de ansiedad hacia el rendimiento. Y aunque los kilos de más nunca fueron un problema estético ni del amor/deseo (me quiero/me quieren a pesar de mi talla XXL), sí comenzaban a ser un problema para mis caderas y rodillas.

Fue así que comenzó la peregrinación médica (primero en Talca y después en Santiago)  y el trabajo personal (cambio de hábitos) que me llevó a donde estoy ahora: un año de cambio de hábitos, 6 meses después de una cirugía, finalizada la tesis doctoral y 30 kilos menos. Y esto es sólo el comienzo.

Escuché muchas tonteras en el camino (desde comentarios médicos hasta comentarios bien intencionados pero mal enfocados), escuché historias de terror en las salas de espera, y descubrí que el peso sigue siendo un problema estético por sobre todas las cosas.

El informe médico para la isapre se dedicaba al argumento de los problemas de salud asociados al sobre peso, en una construcción paradójica pues de tanto defender el argumento médico, sólo consigue dar más valor al argumento estético (si no es un problema estético, entonces, por qué la obligación de decir que no es un problema estético). Pero en un país donde la talla más grande es un M bajo la nomenclatura de un XL, clarament, hay dificultades asociadas al sobre peso que van más allá de la salud.

Las personas en general siguen pensando además, que la solución quirúrgica al sobre peso (no siempre se opera sólo la las personas obesas mórbidas) tiene un matiz mágico. Una cirugía, piensan, basta para poder tener una vida “normal”, despreocupada del peso y las dietas: “una amiga mía se operó, bajó de peso, y a los 3 meses ya estaba comiendo de todo y tomando un traguito”, te dicen. Pero cuando te operan y te dejan 250 a 300 cc de estómago, claramente las prioridades de ingesta debieran ser diferentes: la diferencia entre comer y alimentarse se vuelve pivotal.

Yo debo alimentarme, así es que entre un plato de pasta/risotto/sandwich y un plato de ensalada sin proteína y un plato de proteína con vegetales, no me queda otra que elegir el tercero (ojo, que esa decisión debiera ser igual para cualquiera, operadx o no). Cualquier otra cosa puede resultarme apetitosa, pero hoy tengo la conciencia corporal de que no me alimenta.Tuve que dejar que me cortaran el estómago para comprender que mi cuerpo vale tanto como mi cabeza, y que les debo el mismo respeto. Hoy conozco la sensación de saciedad, cuido y valoro mi cuerpo y mi cabeza y trato de no separarlos tanto (aún estoy aprendiendo). Este ha sido el mayor desafío de todos.

Mientras me decidía por la operación (cuestión que me costó bastante) escuché muchos relatos de personas operadas. Verdaderas historias de terror, según yo. No se mal entienda, nadie se quejaba, nadie. Todas felices con los kilos bajados… pero ninguna queriendo recordar su época de gorda:

“tienes fotos de antes?” / “Nooooo!!! Las borré todas!”

“Yo nunca les dije a mis papás que me había operado”

Como que ser gorda (nunca vi hombres en la consulta médica) es parte de una debilidad/vergüenza que debe esconderse y que prefiere olvidarse. Pero olvidar es peligroso: podrías volver a ser gorda si olvidas que esto es un proceso permanente, que implica siempre una gran fuerza de voluntad y conciencia (para  elegir lo que te metes a la boca, para ponerte el buzo y salir a hacer deporte). Y esa fuerza de voluntad no es sólo para quienes han tenido o tienen problemas de peso, sino para cualquiera que no pertenezca a la raza mítica/madita que come y no engorda.

Al final de cuentas, comer bien, cuidar la salud y hacer deporte, aunque sean demandas burguesas contemporáneas, requerían del mismo ejercicio que necesité para terminar la tesis: voluntad diaria. Y hasta aquí lo he logrado.

Ahora, con menos en el plato, tendré tiempo para retomar la actividad en este blog y seguir compartiendo recetas, consejos y demases. Y quizás hasta me decida a poner ese pequeño restaurant con el que sueño.

Bienvenidxs… un año después

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